Taller en línea: Conquistadores y conquistados
En primer lugar, todos somos seres vivos, respiradores de aire. Como mamíferos, somos seres sociales. Como humanos, somos seres capaces de tomar conciencia de nuestra forma de ocupar el espacio en el mundo, de movernos a la vida y de relacionarnos unos con otros. A pesar de tener todo lo necesario para vivir bien, no sabemos administrarnos e intentamos arrebatar a otros aquello que sentimos que nos falta. Quizás sea cierto que conquistar la tierra de otros, explotar sus recursos y someter sus gentes nos dé una sensación de competencia y seguridad material, pero lo que es cierto con toda seguridad es que vivir en conflicto con el campo gravitatorio de la Tierra crea la sensación de tener que afrontar adversarios por doquier y de topar con obstáculos en todas partes. En cambio, con el apoyo del campo gravitatorio, el campo de fuerza mayor del planeta, y con un buen alineamiento en relación con los campos de fuerzas arquetípicas de la vida, se encuentran vías para eliminar los obstáculos, sin explotar ni someter a nadie y, cuando menos, convertir a algunos de los adversarios en aliados. El único que tal vez cabe conquistar es uno mismo.
En este taller en línea, empezamos por tomar conciencia de las posibilidades a nuestro alcance de introducir pequeños cambios sostenibles en nuestra forma habitual de ocupar el espacio, aquí, sentados delante del ordenador. Exploramos los movimientos de la respiración como herramienta de toma de conciencia y de cambio. Observamos cómo estos pequeños cambios en la relación entre el cuerpo y el suelo y en los movimientos respiratorios se manifiestan en la relación con nosotros mismos y los demás.
Exploramos las condiciones iniciales de nuestra vida y de la vida de nuestros padres, abuelos, bisabuelos.... para descubrir si en nuestro cuerpo hay registros de asuntos pendientes, que necesitan ser procesados para dejarnos libres de ir adelante. A menudo, nuestros antepasados no tenían la posibilidad de procesar sus experiencias traumáticas en la guerra, bajo el régimen represor del franquismo -ya sea como adicto u opositor al régimen- y de la llamada "transición", para no ir más atrás del siglo veinte. Por lo tanto, no podían restaurar un equilibrio interior que habría permitido un aprendizaje postraumático. Entonces, tanto los registros de las experiencias traumáticas en sí, del estrés postraumático, i de los mecanismos de defensa contra los intentos del organismo de restaurar el equilibrio interno se transmiten de generación en generación. Afectan a las maneras de los padres y abuelos de relacionarse con los hijos y nietos. A menudo, dificulta la expresión libre del amor que los une. Cuando el amor no fluye o se manifiesta con conductas que parecen todo menos amorosas, aparecen resentimiento y frustración y sistemas de creencias sobre la visión del mundo, de nosotros mismos y de lo que creemos poder conseguir en la vida, basadas en la interpretación infantil de las experiencias bajo las condiciones iniciales marcadas por los registros traumáticos no metabolizados, propios y heredados.
Todo ello queda registrado en la memoria implícita del cuerpo, incluso lo que queda guardado en el cuerpo de los padres y abuelos y que absorbimos por resonancia a través del contacto con ellos. La memoria implícita no dice: "soy un recuerdo de tal situación." Siempre se presenta como si fuera real ahora. Vemos lo que pasa ahora a través del filtro de aquellos registros y tendemos a interpretarlo en función de aquello.
Un requisito indispensable para llegar a ser dueño del trozo del mundo que ocupamos con nuestro cuerpo es estar dispuesto a aprender a dirigir la propia vida. Esto quiere decir, en primer lugar, aprender a sacar la percepción sensorial del trasfondo de nuestra experiencia y llevarla al primer plano para poder discernir qué corresponde a la realidad del momento presente y qué es interpretación infantil de la experiencia en función de las condiciones iniciales propias y heredadas.
Otro requisito, sine qua non, para ser dueño de la propia vida es el reconocimiento de la interdependencia de todas las formas de vida. Desarrollamos un sistema de prácticas personalizado que permite aplicar nuestros hallazgos en la vida de cada día de cada persona según su situación personal. De nuevo, la herramienta principal es la percepción sensorial. Es decir, aprender a sentir. Sólo cuando sabemos sentir sensaciones podemos aprender a regular el flujo de las emociones que surgen de estas sensaciones, a reexaminar la valoración emocional y las conclusiones mental a las que llegamos a partir de sentirlas y a tomar decisiones basadas en una percepción clara de la realidad, tal como es: una perfecta red dinámica de partes interrelacionadas e intercaladas y de procesos rítmicos, entre ellos nosotros y todos los demás seres vivos. Somos puntos de correlación en esta red ininterrumpida e interconectada de sucesos, movimientos, relaciones y energías.
Fechas por determinar




