Sexo y género más allá del patriarcado
Típicamente, las tradiciones patriarcales atribuyen ciertas capacidades a un género, tales como fortaleza y raciocinio a los hombres y debilidad y emotividad a las mujeres. Además, más allá de hombres y mujeres, no contemplan la existencia de otros géneros. Sin embargo, hay mujeres fuertes y hombres sensibles. Hay personas que no se sienten ni hombre ni mujer y otras que se sienten del sexo opuesto a lo que se les atribuye debido a los genitales con los que nacieron. En cualquier caso, las culturas patriarcales tienden a imponer una serie de “reglas de normalidad” y quien no corresponde al estereotipo reinante corre el riesgo de exclusión o de pérdida de autenticidad.
Pero, para ser auténticamente fuerte, la masculinidad de un hombre debe ir acompañada de receptividad que le capacita para una percepción sensorial clara. La feminidad de una mujer puede estar llena sólo si viene acompañada de la capacidad de discernir, tomar decisiones y emprender acciones incisivas. Por sí mismas, estas capacidades no tienen relación con el sexo ni con el género.
Las funciones del hemisferio izquierdo del cerebro tienen un foco estrecho, concreto, de detalle, que les capacita para el análisis, discernimiento, toma de decisiones, opiniones críticas, todo ello funciones incisivas. El hemisferio derecho, en cambio, tiene funciones receptivas, como la percepción sensorial y la intuición, la capacidad de nutrir y cuidar a personas, cosas y situaciones. Su foco es amplio para abarcar el conjunto, la totalidad, los espacios intermedios de los detalles, las relaciones entre ellos. Basados en la forma de los genitales de hombres y mujeres, podríamos decir que las funciones incisivas son masculinas y las receptivas son femeninas. Concluir de ello que hombres y mujeres tengan más de unas cualidades y menos de otras, sólo en función de su sexo, es una de las falacias típicas de las tradiciones patriarcales, fomentada por las estructuras de poder polarizadas, sin fundamento en la realidad de las personas de carne y hueso.
Los participantes en el taller exploran sus patrones a través de los movimientos cotidianos de respirar, estar tumbados, estar sentados, estar de pie, andar y comunicarse, individualmente, en secuencias guiadas y en exploraciones en parejas, en grupos pequeños y en el grupo entero. La parte teórica del taller proporciona la información necesaria para comprender cómo estos patrones se generan y cómo se manifiestan en la relación entre el cuerpo y el campo gravitatorio de la Tierra.
Para darnos cuenta cómo ocupamos el espacio con el cuerpo y en qué relación nos mantenemos con las coordenadas del campo gravitatorio de la Tierra, en primer lugar, necesitamos recibir información sensorial del conjunto del cuerpo entero y de su relación con el entorno, es decir el suelo bajo los pies y el espacio alrededor. En segundo lugar debemos saber discernir diferentes tipos de sensaciones: por un lado las que nos informan de lo real ahora, el suelo debajo, el espacio alrededor, la libertad o restricción de los movimientos respiratorios, etc., y por el otro, las sensaciones que se quedaron registradas en los tejidos de nuestro cuerpo bajo las condiciones iniciales de nuestra vida. Estas sensaciones nos presentan los recuerdos implícitos de aquellos tempranos tiempos de nuestra vida como si reflejaran una realidad actual. Es decir que es necesaria una buena relación de comunicación y cooperación entre las funciones incisivas y receptivas. Y la receptiva debe venir primero. Y es ese tipo de relación que queremos crear entre hombres y mujeres y las personas que definen su género de otra forma.
En cualquier caso, una buena relación con el campo gravitatorio de la Tierra nos abastece de una energía que nos confiere una sensación de elevación y facilidad en el movimiento, una sensación de vivir y movernos al unísono con una fuerza mayor que nos capacita para atravesar y resolver situaciones conflictivas. Un mal alineamiento produce malestar y, a la larga, disfunción y enfermedad.




