Acoger a otra persona en tus manos
Para aprender a amoldar tus manos a la forma del cuerpo de la otra persona debemos aflojar las tensiones que mantienes habitualmente no sólo en las manos, los brazos y los hombros sino también en el tronco y en las piernas. Exploramos el cuerpo como canal abierto entre el suelo y el cuerpo del otro. Encontramos soporte y espacio en el propio cuerpo para transmitir esta sensación a la persona y poder acompañarla en sus movimientos respiratorios sin alterar los nuestros. Sumamos la fuerza gravitatoria a la nuestra. Cuando transmitimos todo esto con nuestras manos, la persona se siente segura, sostenida por una fuerza mayor. Hay espacio para ser tal y como es y estar tal y como está. No le imponemos ningún modelo al que tenga que resistir ni esforzarse por adoptar. Se puede relajar.
Cuando utilizamos el cuerpo de esta forma, también nos sentimos sostenidos por una fuerza mayor. No acumulamos tensiones resultantes del esfuerzo resultante de trabajar en conflicto con la gravedad, ni nos quedamos con las energías que la otra persona suelta, sino que las dejamos fluir a través del cuerpo como toma de tierra.




